sábado, 7 de marzo de 2015

DESNAZIFICACIÓN

Trabajadores quitando la
 señal de la «calle Adolf
 Hitler»
Fue una iniciativa de los ejércitos aliados después de su victoria sobre la Alemania nacionalsocialista el 8 de mayo de 1945. Reforzada por la Conferencia de Potsdam, debería resultar en «la depuración» de sociedad, cultura, prensa, justicia y política de Alemania y Austria de toda influencia nazi.

Para Alemania el Comité de Control de los Aliados aprobó en 1946 una serie de directivas de desnazificación mediante las cuales definía a ciertos grupos de personas y a continuación conducía a una investigación judicial. 

CAPITALISMO Y SOCIALISMO

El mundo dividido en dos

El fin de Segunda Guerra Mundial, con la derrota de los Estados Fascistas, marcó el inicio de una nueva etapa en la historia mundial. El triunfo aliado no significó el fin de los conflictos, sino que inició un largo periodo de nuevas tensiones. A poco andar se hicieron evidentes los desacuerdos al interior del bando triunfador, perticularmente entre estadounidenses y soviéticos.

Estados Unidos y Rusia iniciaron sus enfrentamientos en 1917, cuando los revolucionarios tomaron el poder, creando la Unión Soviética, y declararon la guerra ideológica a las naciones capitalistas de Occidente.

Estados Unidos intervino en la Guerra Civil rusa enviando unos 10.000 soldados entre 1918 y 1920 y después se negó a reconocer el nuevo Estado hasta 1933.

Los dos países lucharon contra Alemania durante la II Guerra Mundial, pero esta alianza comenzó a disolverse en los años 1944 y 1945, cuando el líder ruso Iósiv Stalin, buscando la seguridad soviética, utilizó al Ejército Rojo para controlar gran parte de la Europa Oriental.

En febrero de 1945, y a pesar de sus profundas diferencias ideológicas,  Stalin, Roosevelt y Churchill se pusierón de acuerdo sobre la rendición incondicional de Alemania, las futuras fronteras europeas y las respectivas zonas de influencia.

También decidierón constituir una organización internacional en reemplazo de la desaparecida Sociedad de las Naciones. En la Conferencia de San Francisco, dos meses después, se fundó la Organización de Naciones Unidas (ONU).

El presidente estadounidense Harry S. Truman se opuso a la política de Stalin y trató de unificar Europa Occidental bajo el liderazgo estadounidense.

La desconfianza aumentó cuando ambas partes rompieron los acuerdos obtenidos durante la Guerra Mundial. Stalin no respetó el compromiso de realizar elecciones libres en Europa Oriental.

Truman se negó a respetar sus promesas de envío de indemnizaciones desde la Alemania derrotada para ayudar a la reconstrucción de la Unión Soviética, devastada por la guerra.

Finalizada la guerra, los “tres grandes” (Stalin, Truman y Attlee) volvieron a reunirse, ahora en Potsdam. Acordaron cómo se realizarían los tratados de paz con Alemania y sus antiguos aliados: Italia, Hungría, Bulgaria, Rumania y Finlandia.

Analizaron también problemas como el de las reparaciones enemigas, el reparto del parque industrial y marítimo alemán, la desnazificación de Alemania, la democratización y administración del Japón, el destino de las colonias. Muy pronto se pusierón de manifiesto las profundas divergencias que separaban a las naciones occidentales de la URSS y las naciones del bloque oriental. La consecuencia de mayor duración y que tuvo al mundo, eventualmente, al borde de una tercera guerra mundial, fue la Guerra Fría.

Curiosamente, EE.UU y URSS habían sido aliados durante la última conflagación mundial, cuando enfrentaron a Alemania de Hitler, que entendían era el gran enemigo de la humanidad. Lograda la paz – después de experimentar ese otro gran horror que fueron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki – la situación volvió a poner en veredas distintas a los antiguos socios, en medio de una situación internacional polarizada en extremo y temerosa, hasta la paranoia, de una nueva guerra de resultados imprevesibles.

A pesar de que Gran Bretaña y Francia también participaron del triunfo aliado, los elevados costos materiales y sociales de la guerra impidieron todo intento de estas y otras naciones europeas por volver a ejercer el liderazgo a nivel mundial. Estados Unidos y la Unión Soviética fueron, entonces, los países que experimentaron los mayores beneficios del triunfo aliado. Al poco tiempo, estos dos Estados alcanzaron un gran poderío, no solo militar y económico, sino también ideológico.

EEUU promulgó la ideología capitalista y se convirtió en el máximo referente para las democracias que promovían la libertad de las naciones.

La Unión Soviética, se basó en la ideología comunista y ejerció una enorme influencia sobre los estados socialistas y sus adherentes esparcidos por el orbe.

Terminada la guerra, el gran derrotado fue la Alemania nazi, pero el vencedor no fue la humanidad: fue el comunismo. Numerosos países de Europa del Este y también asiáticos cayeron bajo la órbita soviética: Hungría, Bulgaria, Polonia, Checoeslovaquia, Rumania, Estonia, Letonia y Lutania, además de una parte importante de Alemania, por nombrar algunos de elllos. Juntos constituyeron la “cortina de hierro”. 


El socialismo en un solo país que había proclamado Stalin, se transformaba en un imperio creciente y poderoso. La consolidación se produjo en 1955, con la firma del Pacto de Varsovia, por el cual comprometían ayuda mutua en caso de que alguno de ellos una agresión. Adicionalmente, la URSS se preocupó de reprimir cualquier intento de libertad o autonomía, así como las protestas pacíficas contra el sistema comunista. 

El ejemplo más notable y simbólico fue la Primavera de Praga de 1968, cuando fueron duramente reprimidos los inicios de un socialismo democrático en Checoeslovaquia, Leonid Brezhnev, el jerarca soviético, argumentó que la URSS tenía derecho a intervenir en los asuntos internos de los países socialistas cuando el régimen comunista de esas naciones estuviera en peligro.

Adicionalmente, la fuerza comunista se expandió al Asia, donde China, tras una sangrienta guerra civil, adoptó el régimen rojo. Su lider, Mao Zedong, proclamó en 1949, la República Popular China. Con la llamada revolución cultural china, el socialismo se impuso definitivamente.

Quedaban enfrentados dos sistemas y formas de ver el mundo: el liberalismo norteamericano y el comunismo soviético. Otras alternativas pre – Segunda Guerra, como los totalitarismos nazi y fascista, habían muerto con sus líderes, Hitler y Mussolini.

Estados Unidos se convirtió en el baluarte de lo que se denominó “el mundo libre”, el que escapaba de la órbita comunista y desarrolló una política internacional fuerte. En 1947 se proclamó la doctrina Truman, que prometía ayuda militar a todos los “pueblos libres”, asumiendo en alguna medida la dirección política de Occidente. 

Estados Unidos otorgó apoyo económico para la reconstrucción de Alemania y Japón, devastados durante la Segunda Guerra, con lo cual ambos países emergieron con novedosos sistemas democráticos y economías abiertas. 

EEUU se comprometió con acuerdos militares, apoyo político y económico a los gobiernos dictatoriales, además de una importante acción en propaganda. Incluso más, la Central de inteligencia Americana (CIA) intervino directamente en la política interna de algunos países y también contribuyó a derrocar gobiernos.

La Guerra Fría se caracterizó, entre otras cosas, por permanente amenaza nuclear de las superpotencias, así como por la eventualidad de una tercera y más sangrienta guerra mundial. 

 El conflicto se le denominó “frío”, porque en ningún momento estas dos potencias se enfrentaron directamente en una guerra directa o “caliente”. Lo que hubo fue, más bien, un estado permanente de tensiones y conflictos aislados esparcidos por todo el mundo, así como una intensa campaña propagandística en la que cada potencia exaltaba sus cualidades y los defectos de sus adversarios.

Esta nueva forma de relaciones internacionales fue conocida como Guerra Fría. Este período se extendió desde el fin de la Segunda Guerra en 1945 hasta 1991, Así, fue casi medio siglo en que el mundo estuvo dividido en dos bloques antagónicos.

Un duro golpe para EEUU fue el triunfo en 1959, de la Revolución Cubana, encabezada por el lider Fidel Castro sobre la dictadura de Fulgencio Batista, tras una dificil lucha. Fidel, carismático personaje, adhirió al maxismo internacional y fue duramente condenado por Estados Unidos, que decretó un boicot económico. Castro condenó la intervención yanqui e invitó a los demás países americanos a sumarse al socialismo. 

El impacto de Fidel y del guerrillero Errnesto “Che” Guevara fue inmenso en el continente, y numerosos países buscaron seguir el mismo camino socialista. El que estuvo más cerca fue Chile, con el proyecto, que la Unidad Popular entre 1970 – 1973, que culminó también con una intervención militar, apoyada por amplios sectores civiles y políticos chilenos, pero también por los Estados Unidos.

Fue precisamente en la isla centroamericana donde se produjo la mayor crisis de la postguerra, cuando el 14 de octubre de 1962, se descubrieron misiles soviéticos en la isla, en un evidente esfuerzo por convertir a Cuba en una gran base militar. Kennedy, el presidente norteamericano, amenazó con sus fuerzas militares, dispuestas a partir a una inmediata guerra, que sólo fue abortada por la decisión de la URSS de retirar sus cohetes. Fue la denominada crisis de los misiles.

En Asia fue la otra gran aventura de la Guerra Fría. En ese continente, Vietnam del Norte había adoptado el régimen socialista tras la II Guerra Mundial, al mando de su lider Ho Chi – Min, y con un evidente apoyo chino y soviético. 

Vietnam del Sur por su parte fue gobernado por su fervoroso anticomunista, Ngo Din Diem, que tuvo ayuda de los EEUU de Norteamérica, aunque su gobierno carecía de popularidad. Diem fue asesinado en 1963 y pronto se vio posible la extensión del comunismo a Vietnam del Sur. EEUU quiso impedirlo, iniciándose una larga y dificil guerra que hacia 1968 concentró a más de 500 mil norteamericanos en Vietnam. Tiempo después, el Presidente Nixon de los EEUU puso fin a la intervención en Vietnam, donde finalmente se adoptó un régimen comunista.

La unión Soviética y Estados Unidos intentaron mantener su seguridad y ampliar o proteger sus zonas de influencia- Para ello, utilizaron todos los medios posibles con el fin de contrarrestar el poder de su enemigo y de ganarse adeptos a nivel mundial. Por ejemplo:

Se han cubierto de sombras los escenarios que hasta hace poco iluminaba la victoria aliada. Nadie sabe lo que pretenden hacer en el futuro inmediato la Rusia Soviética y su organización comunista internacional, ni cuáles son los límites, si los hubiere, a sus tendencias expansivas y proselitistas. (…) Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído un telón de acero que atraviesa el continente. Detrás de esa línea se encuentran todas las capitales de los antiguos Estados de Europa central y del este (...)”.

Un tema clave en la agenda de los ocupantes era la desnazificación; cerca del fin, la esvástica y otros símbolos públicos del régimen Nazi fueron prohibidos, y una Insignia civil provisional se estableció como una bandera temporal para Alemania; la cual permaneció como la bandera oficial para el país (necesaria por razones de derecho internacional, ya que los barcos alemanes necesitaban portar algún tipo de marca indentificatoria) hasta que Alemania del Este y del Oeste comenzaran su existencia por separado en 1949.





La desnazificación y la culpa colectiva

Cuando la Alemania nacionalsocialista fue derrotada por los ejércitos aliados el 8 de mayo de 1945, se puso de manifiesto que era necesario reformar una sociedad que había sido muy contaminada por la propaganda nazi.

En 1946, el Comité de Control de los Aliados inició ese proceso de desnazificación que fue depurando responsabilidades y dictando las oportunas condenas.

Sin embargo, la culpa colectiva es un asunto delicado, que en determinados casos no admite juicios demasiado tajantes. De eso trata, precisamente, The Reader (El lector), una película de Stephen Daldry que aborda esta inquietante cuestión.

Se da por sentado que durante la Segunda Guerra Mundial había un conocimiento generalizado del Holocausto entre la población alemana. Las SS tenían aproximadamente 900.000 miembros en 1943. La red nacional alemana de ferrocarril empleaba a más de un millón de ciudadanos, y muchos estarían al cargo de las líneas que transportaban los vagones de ganado abarrotados de judíos a través del país. Otras organizaciones del servicio civil alemán directamente participaron en el mantenimiento de los campos y miles de burócratas de media y baja categoría debieron de estar al corriente de lo que estaba sucediendo.

Como dice un estudiante de derecho en la película “Había miles de campos… todo el mundo lo sabía.”
Cuando acabó la guerra en 1945, un consenso aliado concluyó que todos los alemanes compartían una parte de la culpa no sólo por la guerra en sí sino también por las atrocidades de los nazis.

Declaraciones realizadas por el gobierno británico y estadounidense, antes e inmediatamente después de la rendición de Alemania, disponían que se debía responsabilizar a toda la nación alemana por las acciones del régimen nazi, a menudo utilizando términos como “la culpa colectiva” y “la responsabilidad colectiva”.

Hasta el presidente Harry S. Truman reconoció la dificultad de distinguir entre los que estaban al mando de aquellos menos culpables y de aquellos que simplemente hicieron la vista gorda.

En una carta a un senador de Estados Unidos, explicó que aunque no se pudiera culpar a todos los alemanes de la guerra, sería difícil separar, de cara a una ayuda humanitaria, a aquellos que no habían tenido nada que ver con los crímenes del régimen nazi.

No puedo sentir mucha simpatía por aquellos que causaron la muerte de tantos seres humanos por hambre, enfermedad y asesinato descarado, además de la destrucción normal y muerte de una guerra,” escribió.

Casi inmediatamente después del fin de la guerra, dio comienzo un rápido proceso de “desnazificación”, supervisado por ministros especiales alemanes con el apoyo de las fuerzas de ocupación de Estados Unidos.

Al mismo tiempo, los aliados, por medio del Cuartel General de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas, comenzaron una campaña de propaganda masiva para inculcar un sentimiento de culpa colectiva a los alemanes.

Se crearon editoriales de prensa y emisoras de radio para garantizar que todos los alemanes aceptaban la culpa por los crímenes nazis.

En la campaña se usaron carteles con imágenes de las víctimas de los campos de concentración y textos acompañantes que rezaban así: “¡Eres culpable de esto!” o “Estas atrocidades: ¡Culpa Tuya!” Desde 1945 a 1952, también se produjeron una serie de películas sobre los campos de concentración destinadas al público alemán incluidas “Die Todesmuhlen” y “Welt im Film No. 5,” cuyo objetivo era conducir a la “nación proscrita” al redil de la sociedad civilizada y la democracia.

La postura del gobierno alemán de la postguerra

De forma oficial, los aliados elogiaron la respuesta alemana ante sus crímenes de guerra. El gobierno de la República Federal Alemana (Alemania Occidental hasta 1990) pidió perdón públicamente por el papel que desempeñó Alemania en el Holocausto. Los dirigentes alemanes a menudo expresaron arrepentimiento, más notablemente en 1970, con el gesto conocido como“Warschauer Kniefall” del antiguo canciller Willy Brandt, que cayó de hinojos frente al monumento al Holocausto en el gueto de Varsovia.

Alemania ha pagado indemnizaciones, incluidos casi 70 mil millones de dólares al estado de Israel y una suma adicional de 15 mil millones de dólares a los supervivientes del Holocausto, quienes seguirán percibiendo las indemnizaciones hasta 2015.

El gobierno alemán llegó a un acuerdo con compañías que habían utilizado mano de obra esclava durante la guerra por el cual dichas compañías accedían a pagar mil setecientos millones de dólares a las víctimas.

Alemania también fundó el Museo Nacional del Holocausto de Berlín en el que se exhiben las propiedades expoliadas por los nazis. La legislación prohíbe la publicación de obras de ideología nazi comoMein Kampf y contempla como delito negar el Holocausto, mientras que los símbolos como la esvástica y el saludo hitleriano están prohibidos. Además, el gobierno permite que Israel participe en la elaboración del plan nacional de estudios con la inclusión de la historia del Holocausto.

El tratamiento que Alemania deparó a los criminales de guerra y a los crímenes de guerra también cuenta con la aprobación generalizada. El país ayudó a localizar a criminales de guerra para los juicios de Núremberg y abrió muchos archivos a los documentalistas e investigadores.

Además, Alemania verificó más de 60.000 nombres de criminales de guerra al ministerio de Justicia de Estados Unidos para impedir que estos entraran en el país y facilito información similar a Canadá y al Reino Unido. (Por supuesto, no todos los criminales de guerra fueron llevados ante la justicia y muchos acabaron tranquilamente viviendo en otros países.)

A pesar de estas medidas, no obstante, Alemania ha sido criticada por no hacer lo suficiente para indemnizar a sus víctimas. El gobierno alemán nunca se disculpó por las invasiones ni asumió la responsabilidad por la guerra.

El énfasis de la culpa a menudo recae en personas individuales como Adolf Hitler y en el Partido Nazi, en lugar de en el gobierno en sí, de modo que no ha habido devoluciones a ningún otro gobierno nacional por parte de Alemania.

Incluso después de la reunificación alemana en 1990, Alemania siguió rechazando las demandas de indemnización de Gran Bretaña y Francia, e insistió en que el asunto estaba resuelto.

Además, Alemania también ha sido criticada por esperar demasiado tiempo para buscar y devolver toda la propiedad robada a los judíos, una parte de la cual sigue todavía desaparecida y posiblemente se halle escondida en algún lugar del país. Alemania también ha tenido dificultades a la hora de devolver propiedades robadas por el hecho de que tendría que indemnizar a sus actuales propietarios.

Finalmente, Alemania negó el acceso durante décadas a los archivos del Holocausto del Servicio de Búsqueda Internacional en la ciudad de Bad Arolsen, alegando, entre otros, el derecho a la privacidad.

En mayo de 2006, tras 20 años de insistencia por parte del Museo del Holocausto de Estados Unidos, se anunció que se pondría finalmente a disposición de los historiadores y de los supervivientes millones de documentos.

Pero ¿qué sucede con la siguiente generación?

El autor de la novela El lector, Bernhard Schlink, y sus contemporáneos alemanes se encontraban en una posición muy singular –estaban totalmente libres de culpa por los crímenes de sus padres pero habían nacido y crecido a la sombra de estas grandes atrocidades.
El problema de cómo esta generación, y desde luego, todas las generaciones después del Tercer Reich, lidia con los crímenes de los nazis, es lo que Schlink llama “el pasado que nos marca y con el cual debemos vivir”. Y como dice un profesor de derecho en la película “lo que sentimos no es importante, lo único que importa es lo que hacemos”

El guionista David Hare explica que El lector es la novela alemana más conocida que relata los años de la posguerra y el impacto que los nazis dejaron en los mismos alemanes. Muy poco de lo que se escribió sobre el impacto en la siguiente generación abordaba el tema de la culpa de haber nacido en ese momento y de haber heredado, aunque injustamente, un crimen atroz.”

Schlink añade, “Todos condenamos a nuestros padres a la vergüenza, aunque de lo único que se les pudiera acusar fuera de haber tolerado la presencia de los criminales entre ellos después de 1945… El pasado nazi era un problema incluso para aquellos niños que no podían acusar a sus padres de nada, o que no querían”.

Schlink decidió exorcizar a sus demonios en un libro. Presenta a Hanna al lector. Subraya su crimen de manera que esté claramente definido y pueda condenarse considerablemente, caminando entre ambas posiciones como sobre una cuerda floja.

Admite, a través de Michael, “Quería simultáneamente entender el crimen de Hanna y condenarlo. Pero era demasiado terrible. Cuando intentaba entenderlo, tenía la sensación de que no lo estaba condenando como era debido. Cuando lo condenaba como debía condenarlo, no había cabida para la comprensión… Quería plantearme ambas tareas — comprender y condenar. Pero era prácticamente imposible hacer ambas.”

El libro en sí no estuvo libre de polémica. Según Hare, “No se puede escribir sobre la culpa en Alemania después de la guerra sin levantar ampollas”.

Lo primero de todo, Schlink hace que un delincuente y no una víctima sea el centro de su historia, lo cual se alejaba enormemente de la literatura del Holocausto.Igualmente, su enfoque de la culpabilidad de Hanna a menudo se convirtió en origen de conflictos, y el autor fue frecuentemente acusado de

revisionismo o de falsear la historia para que sus personajes fueran más aceptables.

En el “Süddeutsche Zeitung,” Jeremy Adler acusó a Schlink de “pornografía cultural” y declaró que la novela simplifica la historia al permitir que los lectores seidentificaran con los autores de los crímenes.

Schlink ha comentado que se ha dado cuenta de que la mayoría de las críticas a la incapacidad de Michael de condenar plenamente a Hanna provienen de gente de su edad. Las generaciones anteriores, aquellas que vivieron en aquellos tiempos, son menos críticas, afirma, independientemente de cómo vivieran la guerra.

La vieja y la nueva Alemania.

En la película The Reader (El lector), la relación de Hanna y Michael representa, en un microcosmos, el delicado equilibrio entre los viejos y los jóvenes alemanes de los años de la posguerra. “…Cuánto dolor padecí porque mi amor por Hanna era, en cierto sentido, el destino de mi generación, un destino alemán”, concluye Michael en la novela.

A lo largo de toda la película, tienen lugar escenas de reconstrucción en un segundo plano –durante el tórrido romance de Hanna y Michael, e incluso después, cuando Ralph es un abogado de éxito y Hanna ha desaparecido, por lo menos físicamente, de su vida hace mucho tiempo.

El país luchaba por ponerse en pie, por reconstruir no solo sus casas, sus negocios y sus estructuras, sino también su carácter nacional.

Michael representa a la Nueva Alemania y Hanna, a la Antigua. Por eso la diferencia de edad entre ellos es tan grande –y por eso necesitan estar distanciados por una generación entera. Hanna se muestra indiferente por el pasado; Michael está furioso y exige respuestas.
Qué más da lo que sienta, qué más da lo que crea” dice Hanna en una de las escenas cumbre de la película,todavía negándose a sentir remordimientos por su pasado. “Los muertos siguen estando muertos.”


En la novela, Michael pregunta, “¿Qué debería haber hecho nuestra segunda generación? ¿Qué debería hacer con el conocimiento de los horrores de la exterminación de los judíos? No deberíamos creer que podemos comprender lo incomprensible, quizás prefiramos no comparar lo incomparable, quizás prefiramos no indagar, porque convertir el horror en el objeto de una pesquisa es convertir el horror en objeto de discusión, incluso aunque el horror en sí no secuestione, en lugar de aceptarlo como algo ante lo cual uno solamente puede guardar silencio por asco, vergüenza o culpa. ¿Deberíamos solamente quedarnos callados por asco, vergüenza y culpa? ¿Con qué objeto?”.


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