sábado, 22 de agosto de 2015

APOLO - DIOS DEL SOL -.

Mitología. Divinidad griega, dios del Sol, de la poesía, de la música y de las artes, hijo de Zeus y Leto y hermano de Artemisa. Apolo fue el Dios de la belleza, es por ello que hay numerosas representaciones de su figura en monumentos en los que se pretende ensalzar la belleza masculina, así mismo fue el encargado de poner música en el Olimpo, acompañado por su Lira amenizaba a los demás dioses. También destacó su capacidad atlética por ello fue el primer ganador de los antiguos juegos Olímpicos, así como un hábil cazador, al igual que su hermana Artemisa

Apolo, también conocido como Phoebus Apollo (Febo Apolo), fue uno de los dioses griegos más importantes. Pertenecía al grupo de los 12 dioses que habitaban en el Olimpo junto a Zeus.

 Apolo, hijo de Este y de Leto, era entre otras cosas el dios del arte de la adivinación, de las artes -la música, sobre todo- y la arquería. También era el dios de la luz ligada al sol (Phoebus, Febo o foibos significa «brillante»). Con sus flechas era capaz de causar enfermedades infecciosas, aunque también era capaz de curar, por lo que se le conocía como «el que ataca de lejos».

 Esta naturaleza dual también se reflejaba en el hecho de que fuese la deidad de los pastores que guardaban el ganado y asimismo se le identificase con su gran enemigo el lobo.

Apolo venía de Licia, en lo que hoy día es el suroeste de Turquía. Alrededor del año 1000 a.C. Febo Apolo ya era adorado como uno de los dioses griegos más importantes.

Leto dio a luz a Apolo y a su hermana melliza Artemisa, diosa de la caza, en la isla de Delos, donde se había refugiado de la ira de Hera, la esposa de Zeus.

Apolo se hizo adulto muy rápido y se trasladó a Delfos, en la península griega donde habitaba la serpiente gigante Pitón en una grieta de la superficie. Pitón era hermana de Gaya, la diosa de la tierra. Tiempo atrás se había enemistado con Leto y había intentado evitar el nacimiento de Apolo y Artemisa.

Apolo en uno de sus relatos mitológicos dio muerte a la serpiente Pitón que custodiaba el santuario de Parnaso.

Apolo acabó con el monstruo «con mil flechas», según cuenta el poeta Ovidio en su obra. Aunque tuvo que hacer penitencia por el pecado de haber acabado con la serpiente divina, se le permitió fijar su oráculo donde antes había estado Pitón. El oráculo de Delfos, relacionado con los santuarios de Apolo y situado según los griegos en el ombligo de lo que era la tumba de Pitón (el centro del mundo), mantiene una extraordinaria reputación desde la Antigüedad.

Se construyó en su honor el templo que aún hoy se conserva parcialmente en Delfos, este era un templo sagrado que alcanzó un grandísimo prestigio en Grecia por las predicciones de sus oráculos. Apolo puso a Pitia como sacerdotisa del mismo, mediante ella los hombres podían hablar con el mismo Dios e interpretar las predicciones que la pitonisa ofrecía, siempre un tanto ambiguas y que permitía siempre una interpretación acertada en ambas direcciones. Se cree que las sacerdotisas se ponían a los pies de un laurel y habiendo ingerido antes substancias alucinógenas entraba en estado de trance. Muchos hombres entregaban sacrificios y tesoros al templo en su honor, sobre todo después de una victoria o por el cumplimiento de la profecía.

No sólo existía en la mitología, sino que realmente también se podía visitar y de hecho mucha gente lo consultaba. La sacerdotisa Pitia (de Pitón) daba respuesta sentada en un taburete de tres patas sobre la grieta en la tierra en la que estuvo la serpiente gigante y a través de la cual obtenía las respuestas susurradas por Apolo.

 Este oráculo lingüístico era oscuro y se podía interpretar de muchas formas, lo que le dio con el tiempo su fama de ser infalible. De acuerdo con el pensamiento moderno, Pitia pudo sucumbir a los humos tóxicos que emanaban de las profundidades y que confundían sus ideas hasta hacer de su habla un ruido ininteligible. Sus términos eran un tesoro que se interpretaban como una predicción útil para la gente.

Los Juegos Pitios empezaron en Delfos después de la muerte de Pitón. Empezaban con la música para seguir con los acontecimientos deportivos. De acuerdo con la leyenda, los primeros sacerdotes de Delfos llegaron desde Creta cuando Apolo, transformado en delfín, les llevó en barco hasta el puerto de la localidad.

  
El crimen por el que   Ticio fue castigado
eternamente   era   el    intento de violación,
instigado por  Hera,  de  Leto o, según otras
versiones,   de    Artemisa.    Cuando    ésta
viajaba de Panopeo a Pito,

   Ticio  la  asaltó,  rasgando sus vestidos
 e intentando violarla.

Sus gritos atrajeron a   Apolo  y  Artemisa,
quienes  acabaron   con el monstruo ctónico
con   sus   flechas.     Según otras versiones,
Zeus    lo    fulminó   con   un   rayo.

      Siendo inmortal, fue arrojado al Tártaro,
despatarrado en el suelo, donde dos buitres
o serpientes comían eternamente su hígado,
que los antiguos identificaban con la sede
de  las pasiones.

        Según cuenta Pausanias, el sepulcro de
Ticio  era  un túmulo funerario cuya
circunferencia  medía aproximadamente
la tercera parte de un estadio, cubriendo
nueve  pletros,  y estaba junto a una
torrentera  de Pan  opeo, ciudad fronteriza
de  Beocia  y distante  20 estadios de
Queronea,  de la que se conservan  bien sus
fortificaciones cerca de Hagios Vlasios.

       Su derrota por las flechas de Artemisa y
Apolo  estaba  representada  en el trono de
Apolo en Amiclas
Después de matar a Pitón, Apolo acabó con muchos más seres valiéndose de sus flechas. Con su hermana Artemisa acabó con el gigante Titio, que había tratado de violar a su madre. Este acto no fue reprendido por Zeus. Titio fue condenado a sufrir eterna tortura en el Tártaro, la zona más lúgubre del mundo de los muertos.

Niobe también fue víctima de la venganza de Apolo y Artemisa. Era la esposa de Anfión, rey de Tebas, y tenía siete hijos y siete hijas. Ella presumía de ser más fértil que Leto e incluso, llevada por su orgullo, consideró innecesario hacer sacrificios por la diosa.

Niobe sufrió un castigo ejemplar por su arrogancia. Apolo mató a sus siete hijos con sus flechas y Artemisa hizo lo mismo con sus hijas. Cuando su hija más joven, Cloris, se abrazó a su madre agonizando, Niobe pidió clemencia para que la dejasen viva, pero todo fue en vano, pues aún se disparó una flecha más para rematarla. Según algunas versiones, sin embargo, Cloris salvó su vida. Niobe se convirtió en piedra debido al dolor.

Apolo tuvo que hacer penitencia por sus actos de violencia y hubo de ponerse al servicio de un mortal. Durante su tarea como esclavo, entre otras cosas construyó los muros de Troya junto al dios del mar, Poseidón. Según otras versiones hizo este trabajo por dinero, pero el rey troyano Laomedón se negó a pagarle.

Apolo, dios de la profecía, era muy poderoso
pero era desafortunado en el amor. Se enamoró
de Dafne, su primer amor, pero no fue 
correspondido. 


La causa de su desdicha era Eros 
(Cupido en la mitología romana), que
disparó una flecha de amor a Apolo para 
que se enamorase de la Ninfa, y a ella 
le envió una flecha de plomo para que 
rechazase su amor. Pero Apolo no 
desistía en su empeño, y persiguió a su 
enamorada hasta el río Peneo y, cuando 
iba a alcanzarla, 
Dafne se estaba  transformando: 
sus pies se volvieron 
raíces, su cuerpo se convirtió en una 
corteza de árbol y su pelo en 
hojas de laurel. Según cuenta 
Ovidio en sus Metamorfosis, 
Apolo se abrazó a Dafne y dijo
 -abrazado a ella- que siempre sería 
su árbol preferido y que sus hojas 
“coronarán las cabezas de las gentes 
en señal de victoria”.
Durante la Guerra de Troya, Apolo fue el más fanático y temido de los seguidores troyanos entre las divinidades. Causó la epidemia de Plaga entre los griegos cuando éstos secuestraron a la hija de uno de sus sacerdotes. De acuerdo a ciertas versiones, Apolo fue responsable de la muerte de Aquiles, el héroe griego, que perdió la vida cuando una de las flechas de Paris le alcanzó el talón.

 Podría haber sido el propio Apolo el que hubiese hecho acertar a un arquero medio como aquel en la parte más vulnerable de su cuerpo. Apolo les aseguró dones proféticos a Heleno y Casandra, los hijos del rey troyano Príamo. Pero como Casandra le rechazó como amante, Apolo no la dejó disfrutar de su don de predecir el futuro e hizo que nadie la creyese, aunque siempre acertaba.

Casandra no fue la única mujer que le rechazó, pues lo mismo hizo la ninfa Dafne. Eros, ofendido ante el desprecio de Apolo, se vengó haciendo que se enamorase de Dafne que, desesperada, huyó con el voluptuoso dios. Cuando estaba muy cerca de atraparla, ella rogó que la liberasen del cuerpo que había despertado su deseo y la convirtiera en arbusto de laurel.


Apolo tuvo más fortuna con los muchachos. Su relación con el atractivo Jacinto fue trágica, no obstante, ya que Apolo le mató accidentalmente al arrojar un disco.



A pesar de todo, Apolo llegó a tener descendencia y el hijo que concibió con la princesa Coronis, llamado Asclepio, se convirtió en el dios de la Medicina. Asclepio no llegó al mundo de una manera convencional, pues cuando la princesa engañó a Apolo, Artemisa decidió matarla. Fue el propio Apolo, o quizá Hermes, el que rescató el cuerpo de Asclepio del vientre de su madre que yacía muerta.

Un aspecto importante del dios Apolo es el poder que tenía su don para el arte y la música. Con su capacidad creativa lideraba a las nueve musas, deidades que tutelaban las artes y las ciencias. Apolo inventó la cítara, un instrumento de origen griego, reconocido como antecesor del laúd y de la guitarra.

 Pero su favorito era el arpa y es con el que aparece en casi todas sus representaciones, a pesar de no ser invención suya, sino un regalo de Hermes después de robarle unas cabezas de ganado. Apolo también tocaba la flauta de manera magistral.

Dafine rogó que la liberasen
 del cuerpo que había
despertado su deseo y
 la convirtiera en arbusto
 de laurel.
El sátiro Marsias, que pensaba que sabía tocar mejor que el dios, se atrevió a retarlo y sufrió una humillante derrota ante él, que acabó además desollándole vivo.

 El rey frigio Midas también sufrió reacciones de Apolo cuando intentó criticar su capacidad musical y compararse con él. Después de oír al dios Pan tocar Su lengüeta y a Apolo con su arpa, y mostrarse en desacuerdo con la opinión mayoritaria que prefería la música de Apolo, el dios, irritado, lo castigó poniéndole orejas de burro.

Como Apolo daba a los oráculos sus predicciones, se convirtió en fuente de inspiración para poetas, cantantes y músicos que tocaban los instrumentos que él había creado.


El dios griego se introdujo en la cultura romana como uno de los símbolos más importantes de la admiración e imitación que suscitaba todo lo griego. El primer emperador romano, Augusto, le dedicó un templo en el año 28 a.C. en la colina del Palatino, en el mismo corazón de Roma, para demostrar que también él, como máximo dirigente del Imperio Romano, estaba extendiendo su civilización por todo el mundo.

Apolo ofreció protección a los jóvenes y era especialmente querido por los agricultores debido a su condición de Dios del sol. Así mismo fue el artífice de entregar el arte de la medicina a los hombres



Jacinto era un hermoso joven amado por el dios Apolo. Él y su amante estaban jugando a lanzarse el disco el uno al otro, cuando Apolo, para demostrar su poder e impresionar a Jacinto, lo lanzó con todas sus fuerzas. Jacinto, para impresionar a su vez a Apolo, intentó atraparlo, pero fue golpeado por el disco y cayó muerto. Otra versión del mito añade que el responsable de la muerte de Jacinto fue el dios del viento Céfiro. La belleza del muchacho provocó una disputa amorosa entre Céfiro y Apolo.

Celoso de que Jacinto hubiese preferido el amor de Apolo, Céfiro desvió el disco con la intención de herir y matar a Jacinto. Sin embargo, mientras agonizaba, Apolo no permitió que Hades, el dios de los muertos, reclamara al muchacho; de la sangre derramada del joven hizo brotar una flor, el jacinto. Según la versión de Ovidio, las lágrimas de Apolo cayeron sobre los pétalos de la flor y la convirtieron en una señal de luto. En otras versiones Céfiro tiene una forma física y en castigo Apolo lo convierte en viento para que no dañe a nadie más.



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